Probablemente sea su nombre, el mejor calificativo para describir la belleza de unos ojos como los de Luna.
Esta pequeña bailarina de tan solo cuatro años, también presenta grandes dotes interpretativos, mostrándose muy segura de si misma ante la cámara.
Una vez mas, la naturalidad que la infancia implanta en los niños vuelve a sorprenderme gratamente,
y es que Luna, se presenta risueña, espontánea y muy pero que muy habladora desde el minuto uno de nuestro encuentro.
Finalmente, acabamos la tarde saltando entre olas y empapados hasta la cintura. De esta forma Luna, consiguió llevarme a su terreno
y contagiarme de esa infancia que ya creí perdida.